Ya era hora. Ya era hora que se pusiera coto a la impune maldad que suponía el hecho de contar chistes sobre homosexuales. Claro que sí. Nada de chistes sobre homosexuales, ni sobre carrozas gays, cuartos negros, chaperos, travestidos, vaselinas, penes, esperma, culos, culos pretados a paredes, encuentros con putas bien dotadas, objetos de invasión anal, proctólogos, banderas de Japón... Bastante tienen los pobres con sufrir persecuciones, cárcel y vejaciones en países tan del gusto de nuestra Pajín y nuestro Zerolo, como para que, encima, aquí en España, caigamos en semejante comportamiento perverso y demoníaco.
Loable la iniciativa ministerial, loable.
Porque, sin duda, éste no será más que el primer paso. Una especie de globo sonda para ver cómo reacciona la sociedad ante este aldabonazo de las conciencias. Luego, una vez asumido, se darán los siguientes e indefectibles pasos.
Dado que todos somos iguales ante la Ley, otros colectivos también tendrán derecho a que no se rían de ellos ni hagan chistes.
A saber:
los de Lepe, los jubilados, los gangosos, los tartamudos, los alumnos, los profesores, las putas (perdón, prostitutas), los puteros (perdón, prostituteros), los gallegos, los vascos, los catalanes, los andaluces, los aragoneses, los gabachos (perdón, franceses), los judíos, los cristianos, los moros, los sudacas (perdón, sudamericanos), los chinos, los alemanes, los blogueros, los violadores, los asesinos, los ladrones, los médicos, los marineros, los mineros, los políticos, los borrachos, los casados, los separados, los divorciados, los fachas, los rojos (perdón, progresistas y adalides de la democracia y la libertad), Bush, Zapatero, Franco, Bono, ...
los heterosexuales.
Aunque, quizá fuera más práctico prohibir los chistes. Muerto el perro, se acabó la rabia.