Año tras año, elección tras elección, se echa de menos en el panorama político español la emergencia de unas siglas que aglutinen el voto transversal en nuestra Nación. La multiplicidad de siglas, las malas, si no pésimas, relaciones entre algunas, más allá de escasas diferencias ideológicas, la falta de humildad,..., son la causa de que, en España, ese potencial electorado que existe, que está ahí, no dé un salto cuantitativo significativo, como sí ha ocurrido en otros puntos de la vieja Europa.
En otros países, los partidos que ocupan ese arco político han ido escalando posiciones y alcanzando, incluso, cotas de poder. El último ejemplo ha sido el de los Verdaderos Finlandeses, con su 19 por ciento, pero hay otros muchos. El Frente Nacional francés ha sido el más notorio. Pero no podemos olvidar al FPO (Partido de la Libertad) austríaco, que superó el 17 por ciento de votos, el Vlaams Belang belga, el DF danés, el JOBBIK húngaro (Movimiento por una Hungría Mejor), 14 por ciento, el ATAKA (Unión Nacional Ataque) búlgaro, el PVV (Partido por la Libertad) de los Países Bajos, que alcanzó el 15, el LAOS (Concentración popular ortodoxa) griego, e,incluso, podríamos incluir al SRS (Partido radical) serbio y al SVP (Partido Popular) suizo, con su respectivo 29 por ciento.
Los resultados de estos partidos deberían provocar un efecto contagio por otros países europeos, también en España. Se trata de un voto que la propaganda izquierdista tradicional quiere calificar de ultraderecha, de xenófobo, pero, y estoy seguro que lo saben, ésto es falso.
Sobre todo, el calificativo de ultraderecha. De facto, la mayoría de los apoyos de estos partidos, provienen de sectores progresistas y obreros. Son votantes potencialmente de izquierda pura y dura, y, por eso, la izquierda tradicional busca descalificarles. Porque saben que, por ahí, se les pueden escapar votos.
Estos partidos tienen un ideario socioeconómico más próximo a posiciones de izquierda que de derecha. Por otro lado, son partidos nacionalistas, muy críticos con la inmigración descontrolada, muy centradas en la defensa de su tierra y de sus habitantes.
España tiene un importante sector poblacional que podría incorporarse a un proyecto así. Pero tiene que existir. Y lo que se encuentra, en estos momentos, es una multiplicidad cuasipasmosa de siglas que, en realidad, presentan unas diferencias ideológicas mínimas, menores de las que podemos encontrar, os lo aseguro, entre militantes del PP o del PSOE. Pero aquí saben que la unión hace la fuerza. Mientras que estos pequeños partidos patriotas se dedican a mirarse ensimismadas su propio ombligo.





