Sobreponiéndome a la alarma generalizada, que me provoca desesperanza, tormento y horror, sigo con mi repaso a los temas Navideños de siempre. Nada mejor para superar estos momentos terribles. Aunque no es fácil.
Por ejemplo, los empleados del Metro Bilbao (bueno, perdón, los sindicatos del Metro Bilbao), han anunciado unas huelgas parciales para los próximos días, tras la pretensión de la Empresa de, ¡oh, Dios mío!, abrir en Nochebuena para que la gente que salga a celebrarla pueda desplazarse con menos riesgo. Y, de hecho, no pocos trabajadores se han prestado voluntarios, aunque, al no ser suficientes, pués a otros "involuntarios" les tocará cubrir el resto de puestos.
Y eso no lo pueden permitir los sindicatos, claro. Organismos eminentemente familiares y Navideños. Me pregunto que pensarán otros, no pocos, colectivos que trabajan, también, en esas fechas. Nochebuena, Nochevieja...
El abogado designado como mediador ha dado la razón a la Empresa. Dice que es legítima la pretensión de ofrecer ese servicio a los ciudadanos esa noche y que no conculca ningún derecho fundamental de los trabajadores. "En definitiva, esta mediadora no considera que se trate de un servicio que implique una modificación sustancial de las condiciones de trabajo de las personas afectadas", dice literalmente.
Y los sindicatos han puesto el grito en el cielo, claro. ¿Dónde se ha visto una mediadora que no dé la razón a estos estandartes del progreso y la defensa de derechos y libertades, dónde?
Espero que, aprovechando el Estado de Alarma que respiramos, también se respete el derecho a disponer de un transporte seguro, en una noche que lo demanda expresamente, de los ciudadanos de Bilbao.
Y corto aquí, que sólo iba a poner cuatro líneas sobre el tema y, como siempre, me enrollo.
El tema de hoy es, también, universalmente conocido. "Jingle Bell Rock". Fue compuesto por Joe Beals y grabado, por primera vez, por Bobby Helms en 1957. Su versión es la más conocida.
También Billy Idol, al que aún no habíamos escuchado por aquí, la cantó.
Tatsuro Yamashita, con su habitual ukelele, también se cuenta entre sus intérpretes.
Y aquí vemos..., aquí vemos,...bueno, aquí vemos a una niña cantando...
Y, tras este vídeo, me quedo sin fuerzas para poner más. Hasta el próximo.
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jueves, 16 de diciembre de 2010
martes, 7 de diciembre de 2010
¡QUE LES CORTEN LA CABEZA!
A lo mejor, como reportero estrella del blog de inisfree, debería haber estado ahí, al pie del cañón, siguiendo la noticia minuto a minuto, segundo a segundo...
Pero, por otra parte, más que el reportero estrella, soy el único, y estoy de puente, y disfrutando de estos días de asueto con mi mujer, y me hartan los huelguistas, y me harta el Gobierno, y me harta ver, siempre, que los paganos de los desmanes e ineptitudes de unos y otros son siempre los mismos, los españolitos de a pie (incluyendo como desplazados a los turistas extranjeros).
Así que he seguido el temita de la semana más bien de una manera somera, sin molestarme en leer ni un artículo completo ni ver un reportaje completo. No me cabía duda que otros blogs iban a cubrir el asunto con nota, y así ha sido, Maribeluca, Candela, aspirante..., brillantes exposiciones a las que no tengo mucho que añadir.
Los acabo de leer ahora. Yo, tan sólo, voy a plantear unas cosillas que pensé, yo sólo conmigo mismo, según se desarrollaron los acontecimientos.
¿Cómo se le puede ocurrir al Gobierno publicar el comentado Decreto Ley recortando los derechos de ese colectivo precisamente la mañana en que va a empezar el puente más largo del año? ¿Es el Gobierno tan inepto (no me costaria creerlo) o hay algo más, una maniobra calculada?
Soy una persona muy crítica con las huelgas. De hecho, no me gustan nada. Aunque no puedo por menos de reconocer que, sin esta arma, los trabajadores, en muchos casos, estarían vendidos. Pero, ¿cómo se les ocurrió a los controladores obviar ese derecho y realizar un movimiento por sorpresa, en vez de una convocatoria oficial de huelga? ¿Sospechaba el Gobierno que la reacción podría ser esa? ¿Lo sabía? ¿Lo pretendía? ¿Ambas?
En este asunto, ¿qué opinión tienen los grandes defensores universales de los trabajadores, los grandes sindicatos españoles, CCOO y UGT, sobre el recorte que sufren los controladores en su situación laboral?
¿Era justificada la proclamación del estado de alarma social y, sobre todo, su ampliación para los próximos días? ¿Era ésta la intención del Gobierno?
De resultas de esto, los controladores han sido declarados ya culpables por la opinión pública. En mi opinión, lo que han hecho no tiene justificación. El odio que han provocado en los daminificados y en los que no lo han sido, pero se han puesto en lugar de los miles de pasajeros, ha impedido que se analice cualquier otro aspecto de la cuestión, y con ello, retorno a la publicación del Decreto mencionado, origen de todo. El Gobierno está logrando salir limpio de polvo y paja en una situación creada por su ineptitud o maquiavelismo.
O el Gobierno es tan inepto que no imaginó que su acción provocaría esta reacción, o es tan desgraciado que lo sabía pero que no le importó jorobar a cientos de miles de españoles para lograr un rédito político.
Ahora, los culpables, los oficiales, deben pagar. Estos "huelguistas de derechas", de ropa cara y aspecto pijo, deben pagar. El Gobierno se encargará de ello. Y, ¿qué pasa cuando otro tipo de huelguista, menos pijo, más de izquierdas, pone silicona en una cerradura? ¿Se la hacen pagar? ¿Qué pasa cuando un negocio debe tener cerrada su puerta toda una mañana por las amenazas de los piquetes, cuando deja de ingresar lo que suela ser habitual, 100 o 500 euros? ¿Se los devuelven? ¿Qué pasa si el pasajero cuyo vuelo no salió por los controladores, no llegó a tiempo porque se encontró con una carretera cortada por neumáticos quemados por trabajadores de astilleros, siderurgias o fundaciones de gatos huérfanos? ¿Buscan a los responsables para hacerles pagar, le devuelven el dinero del billete?
Los paganos de estas situaciones son siempres los mismos, los anónimos, los españoles de a pie, que van a marchar de vacaciones, o que van de camino al trabajo, o a la consulta del médico, o que no pueden abrir su negocio. ¿Cuántos huelguistas han pagado sus acciones tras esos días de huelga?
Pero, claro, esos son huelguistas amigos, esos van a manifestaciones junto a miembros del Gobierno, esos no perjudican, no, sino que luchan por sus derechos de la única forma que pueden..., o, más bien, de la única forma que saben.
Mi conclusión, el Gobierno puede ser un Gobierno de ineptos, pero lo del viernes no fue ineptitud.
Los controladores deben pagar por lo que han hecho, pero cualquier otro huelguista, en cualquier otra situación, debe pagar sus amenazas, atentados, desórdenes públicos. O todos, o ninguno.
Y yo, como he dicho, no he seguido el tema demasiado. Quizá, por tanto, me pueda haber equivocado en algo. Seguro que me lo sabréis indicar en vuestros comentarios.
Pero, por otra parte, más que el reportero estrella, soy el único, y estoy de puente, y disfrutando de estos días de asueto con mi mujer, y me hartan los huelguistas, y me harta el Gobierno, y me harta ver, siempre, que los paganos de los desmanes e ineptitudes de unos y otros son siempre los mismos, los españolitos de a pie (incluyendo como desplazados a los turistas extranjeros).
Así que he seguido el temita de la semana más bien de una manera somera, sin molestarme en leer ni un artículo completo ni ver un reportaje completo. No me cabía duda que otros blogs iban a cubrir el asunto con nota, y así ha sido, Maribeluca, Candela, aspirante..., brillantes exposiciones a las que no tengo mucho que añadir.
Los acabo de leer ahora. Yo, tan sólo, voy a plantear unas cosillas que pensé, yo sólo conmigo mismo, según se desarrollaron los acontecimientos.
¿Cómo se le puede ocurrir al Gobierno publicar el comentado Decreto Ley recortando los derechos de ese colectivo precisamente la mañana en que va a empezar el puente más largo del año? ¿Es el Gobierno tan inepto (no me costaria creerlo) o hay algo más, una maniobra calculada?
Soy una persona muy crítica con las huelgas. De hecho, no me gustan nada. Aunque no puedo por menos de reconocer que, sin esta arma, los trabajadores, en muchos casos, estarían vendidos. Pero, ¿cómo se les ocurrió a los controladores obviar ese derecho y realizar un movimiento por sorpresa, en vez de una convocatoria oficial de huelga? ¿Sospechaba el Gobierno que la reacción podría ser esa? ¿Lo sabía? ¿Lo pretendía? ¿Ambas?
En este asunto, ¿qué opinión tienen los grandes defensores universales de los trabajadores, los grandes sindicatos españoles, CCOO y UGT, sobre el recorte que sufren los controladores en su situación laboral?
¿Era justificada la proclamación del estado de alarma social y, sobre todo, su ampliación para los próximos días? ¿Era ésta la intención del Gobierno?
De resultas de esto, los controladores han sido declarados ya culpables por la opinión pública. En mi opinión, lo que han hecho no tiene justificación. El odio que han provocado en los daminificados y en los que no lo han sido, pero se han puesto en lugar de los miles de pasajeros, ha impedido que se analice cualquier otro aspecto de la cuestión, y con ello, retorno a la publicación del Decreto mencionado, origen de todo. El Gobierno está logrando salir limpio de polvo y paja en una situación creada por su ineptitud o maquiavelismo.
O el Gobierno es tan inepto que no imaginó que su acción provocaría esta reacción, o es tan desgraciado que lo sabía pero que no le importó jorobar a cientos de miles de españoles para lograr un rédito político.
Ahora, los culpables, los oficiales, deben pagar. Estos "huelguistas de derechas", de ropa cara y aspecto pijo, deben pagar. El Gobierno se encargará de ello. Y, ¿qué pasa cuando otro tipo de huelguista, menos pijo, más de izquierdas, pone silicona en una cerradura? ¿Se la hacen pagar? ¿Qué pasa cuando un negocio debe tener cerrada su puerta toda una mañana por las amenazas de los piquetes, cuando deja de ingresar lo que suela ser habitual, 100 o 500 euros? ¿Se los devuelven? ¿Qué pasa si el pasajero cuyo vuelo no salió por los controladores, no llegó a tiempo porque se encontró con una carretera cortada por neumáticos quemados por trabajadores de astilleros, siderurgias o fundaciones de gatos huérfanos? ¿Buscan a los responsables para hacerles pagar, le devuelven el dinero del billete?
Los paganos de estas situaciones son siempres los mismos, los anónimos, los españoles de a pie, que van a marchar de vacaciones, o que van de camino al trabajo, o a la consulta del médico, o que no pueden abrir su negocio. ¿Cuántos huelguistas han pagado sus acciones tras esos días de huelga?
Pero, claro, esos son huelguistas amigos, esos van a manifestaciones junto a miembros del Gobierno, esos no perjudican, no, sino que luchan por sus derechos de la única forma que pueden..., o, más bien, de la única forma que saben.
Mi conclusión, el Gobierno puede ser un Gobierno de ineptos, pero lo del viernes no fue ineptitud.
Los controladores deben pagar por lo que han hecho, pero cualquier otro huelguista, en cualquier otra situación, debe pagar sus amenazas, atentados, desórdenes públicos. O todos, o ninguno.
Y yo, como he dicho, no he seguido el tema demasiado. Quizá, por tanto, me pueda haber equivocado en algo. Seguro que me lo sabréis indicar en vuestros comentarios.
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miércoles, 21 de julio de 2010
PEPIÑO REAGAN
Qué queréis que os diga. No tengo intención de entrar a valorar la legitimidad o no de las desdichas de los controladores aéreos. Es más, dada su enorme responsabilidad yo espero que tengan las mejores condiciones laborales posibles, que cobren un sueldo acorde con la importancia de su trabajo, del que dependen miles y miles de vidas. Lo último que me apetece es despegar o aterrizar en un aeropuerto controlado por alguien de mala leche, amargado o a disgusto, excesivamente cansado o estresado. Nada bueno puede salir de ahí, porque, por encima de todo, somos humanos y el error es consustancial a esa condición, pero más proclive a ocurrir en determinadas circunstancias.
Pero, dicho esto, yo, al menos, valoro positivamente la iniciativa del Ministro José Blanco, encaminada a evitar, en la medida de lo posible, que la huelga o no huelga, o las bajas o las enfermedades o las epidemias, afecten al común de los mortales que, por motivos familiares, vacacionales o laborales, deben coger un avión en un país del primer mundo como es España.
Echando la vista atrás podemos recordar uno de los grandes éxitos de Ronald Reagan en su brillante gestión presidencial, al enfrentarse, sin miramientos, a una huelga de controladores. No dudó en tomar las medidas adecuadas para preservar a la mayoría de la población, que es la afectada en este tipo de situaciones. Hubo miles de despidos, e, incluso, enjuiciamientos. Desde entonces, los sindicatos se lo han pensado dos veces antes de poner en jaque a la administración federal.
Aquí, salvando las distancias entre Pepiño y Reagan, se puede dar un caso semejante. Dudo que nuestro ínclito Ministro llegue a adoptar la drasticidad del de Illinois, pero algo es algo. Y más, si tenemos en cuenta la distancia que separa a ambos personajes.
Sólo me gustaría realizar una observación. Quizá pudiera calibrarse la posibilidad de afrontar medidas semejantes también con otros colectivos. Da la sensación que se mira diferente a los pijohuelguistas de perfil económico alto, como son los controladores, que a los huelguistas de "a pie", que, en no pocas ocasiones, nos amargan el día a día con sus barricadas, sus piquetes, sus paros.
El derecho a la huelga está ahí, en la Constitución. Bien está. Aunque yo nunca he sido muy amigo del mismo. Pero hay un derecho mayor, que es el de poder realizar tu actividad diaria sin interferencias externas ni perjuicios obligados e impuestos por una minoría. Y el Gobierno debe velar por estos intereses, el de las personas que sólo quieren llegar a su hora al trabajo, marchar de vacaciones cuando les corresponde, currar y vivir en paz con su familia. Y velar es sinónimo de evitar, en la medida de lo posible, ciertos excesos que bajo la libertad de huelga se amparan.
Pero, dicho esto, yo, al menos, valoro positivamente la iniciativa del Ministro José Blanco, encaminada a evitar, en la medida de lo posible, que la huelga o no huelga, o las bajas o las enfermedades o las epidemias, afecten al común de los mortales que, por motivos familiares, vacacionales o laborales, deben coger un avión en un país del primer mundo como es España.
Echando la vista atrás podemos recordar uno de los grandes éxitos de Ronald Reagan en su brillante gestión presidencial, al enfrentarse, sin miramientos, a una huelga de controladores. No dudó en tomar las medidas adecuadas para preservar a la mayoría de la población, que es la afectada en este tipo de situaciones. Hubo miles de despidos, e, incluso, enjuiciamientos. Desde entonces, los sindicatos se lo han pensado dos veces antes de poner en jaque a la administración federal.
Aquí, salvando las distancias entre Pepiño y Reagan, se puede dar un caso semejante. Dudo que nuestro ínclito Ministro llegue a adoptar la drasticidad del de Illinois, pero algo es algo. Y más, si tenemos en cuenta la distancia que separa a ambos personajes.
Sólo me gustaría realizar una observación. Quizá pudiera calibrarse la posibilidad de afrontar medidas semejantes también con otros colectivos. Da la sensación que se mira diferente a los pijohuelguistas de perfil económico alto, como son los controladores, que a los huelguistas de "a pie", que, en no pocas ocasiones, nos amargan el día a día con sus barricadas, sus piquetes, sus paros.
El derecho a la huelga está ahí, en la Constitución. Bien está. Aunque yo nunca he sido muy amigo del mismo. Pero hay un derecho mayor, que es el de poder realizar tu actividad diaria sin interferencias externas ni perjuicios obligados e impuestos por una minoría. Y el Gobierno debe velar por estos intereses, el de las personas que sólo quieren llegar a su hora al trabajo, marchar de vacaciones cuando les corresponde, currar y vivir en paz con su familia. Y velar es sinónimo de evitar, en la medida de lo posible, ciertos excesos que bajo la libertad de huelga se amparan.
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