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domingo, 31 de octubre de 2010

ESPAÑA CATÓLICA

En esta España, Campeona del Laicismo, así, con mayúscula, cumbre de la progresía y de los más avanzado socialmente, llama la atención la encuesta publicada ayer en La Razón, según la cual más de 33 millones y medio de españoles, (33.669.183) se definen como católicos. Hablamos de 33 millones largamente pasados.

Ha sido una obsesión, atemporal, de la izquierda, el provocar una sensación social global de que la Iglesia, el Catolicismo, la Religión, (entendida, como tal, por supuesto, la Católica, la única que les incomoda) son cosas del pasado, términos caducos asociados, sí o sí, a otros sustantivos como Inquisición, Torturas, Pederastia...



El hecho de creer o no creer en la existencia de Dios es muy libre, por supuesto. Racionalidad o Fé. Lo increible de la existencia de un Dios Supremo que sea Eterno o la Fé y la consideración de que, por atrás que nos vayamos, en la noche de los tiempos, algo tuvo que haber que hizo que, de la nada más absoluta, surja la vida y el mundo que hoy conocemos.

Se habla de Bing Bang o de lo que sea. No entiendo, lo confieso. Pero muy bueno y educativo tiene que ser un científico, para convencerme de que de la nada más absoluta, puedan nacer ciertos elementos que, poco a poco, acabaron dando lugar a la Vida y a la Tierra.

Y algo tuvo que hacer que, del vacío absoluto, surgiera el más mínimo átomo de materia.



Pero esta entrada, en la que, como siempre, acabo divagando, es sólo para recordar que, en España, hay un sentimiento católico mayoritario (más mayoritario, aún, si lo consideramos como un sentimiento creyente, junto a otros). Que la obsesión enfermiza de la Progresía dominante por eliminar los símbolos que constituyen parte del acervo histórico, cultural y religioso de una gran mayoría de los ciudadanos, sólo es otra forma de aplicar su particular visión de la realidad, su particular Memoria Histórica, según la cual, grandes realidades indiscutibles desde un punto de vista real, se eliminan de un plumazo por mor de la España futura que estos indigentes morales, culturales y educativos quieren crear.

España es, lo quieran o no, católica. Como tal, debería legislarse y vivir. No hablamos de no comer carne los viernes. Hablamos de reconocer que, la España de hoy, su Pasado, su Presente y, tampoco, su Futuro, se puede entender olvidando este dato absolutamente objetivo.

España es Católica, a Dios gracias. Porque, catolicismo, tal y como a mí, los religiosos me han enseñado, es sinónimo de Paz, de Amor, de Respeto, de Educación, de Cultura, de...



De tantas cosas que, cualquier persona, hoy en día, creyente o no, debería adoptar como forma de enteder la vida.

Pero no.

En España prima más la opinión de los Sindicatos, con sus 3.248.736 afiliados, menos de la mitad de quienes afirman ir a Misa cada fin de semana, 6.457.103. Prima más la opinión de los cineastas cejunos, que convocan, cada semana, en las salas de cine, a 2.115.000 personas. Prima más la opinión de cualquiera. Prima la opinión de quién la Izquierda y la Progresía dominante, designen. No os quepa duda de que la opinión de la Federación de Gays y Lesbianas, tendrán mucho más eco en el desarrollo de la labor de nuestra casta política que lo que digan los Católicos, sus Familias.

Pero, ¿qué puede hacer la simple opinión de 33 millones pasados de católicos, ante lo que dice el nuevo oráculo socialista, el nuevo Che, el gran José Luisín? Nada.

miércoles, 12 de mayo de 2010

NO SÉ NADA DEL BIG BANG

Al hilo de una entrada en el blog de Zadlander, he podido leer algún comentario sobre la Teoría del Big Bang y su compatibilidad o no con la doctrina cristiana. Animado por el interés, y aprovechando una momentánea y placentera soledad en el trabajo, me he dicho, "a ver".

Puedo deciros, con total satisfacción, que tras el repaso que he dado a varias páginas sobre el tema ... no he conseguido entender nada. Lo siento, amigos. Ni papa. De hecho he probado a pinchar en el buscador "páginas en español", más que nada porque se me antojaba que estaba leyendo chino. Tampoco. El problema no estaba en el idioma, sino en mi indigencia mental para poder captar ciertos niveles argumentales.

Así que, aceptando mi fracaso, cambié el nombre de la entrada, de "Big Bang" al que podéis leer.

Recuerdo que hace muchos años, con un arrojo semejante o aún mayor, le pedí a un amigo que me dejara el libro que yo le veía devorar con tanto interés y avidez. Se titulaba "Teoría de la relatividad".

Y no me gustó..., creo. Hombre, no pasé del primer capítulo. Quizá luego se ponía interesante... Pero yo no cogía el hilo a la trama, no. Está claro que la Vida no me ha llevado por los caminos de la Ciencia.

De modo que no me queda otro remedio que acceder al tema de una manera simplista, nada de análisis profundos, nada de exponer argumentos a favor o en contra. Las Teorías, Teorías son. En tanto en cuanto no estén demostradas o aceptadas universalmente seguirán siendo Teorías. Una vez aceptadas por todos, ya se les puede cambiar el nombre a Ley o Principio o Teorema o lo que corresponda.

Pero mientras se mantengan en el rango actual, para mí, son irrelevantes. No soy científico y si ellos no se ponen de acuerdo, que son los que saben, ¿a santo de qué me voy a meter yo a opinar, que no tengo ni repajolera idea?

Algo parecido pasa con la Teoría del Calentamiento Global, que, por mucho que la eternamente sabia izquierda nos quiera hacer tragar, no deja de ser una Teoría aceptada por unos, rechazada por otros, puntualizada por los de más allá... pero muy onerosa y fructífera para sus defensores. Eso sí. Mi opinión al respecto ya la expuse en dos entradas sobre Ecología que podéis leer en este mismo blog.

Y, tras mucho divagar, vuelvo al principio. No entiendo la Teoría del Big Bang. Ni aún entendiéndola podría darla por válida si hay científicos que la rechazan. Mucho menos puedo opinar sobre su incidencia en la existencia de Dios o no.

La creencia en Dios es una cuestión de Fe. Ninguna Teoría va a conseguir anular esa Fe. Dios creó el mundo y la vida. Si un día se sabe, exactamente, como fue, sólo me estarán explicando cómo lo hizo.

De momento, y por muy limitado que sea mi mínimo razonamiento, no consigo entender como de la nada absoluta, de la inexistencia total, se creó el Universo. Algo tenía que haber. Una infinitamente pequeña particula, una variable espciotemporal, lo que sea. Pero, entonces, ¿cómo surgió, a su vez, este elemento?
A mi pobre entender, siempre tendremos que acabar llegando a un "algo" inicial cuya existencia difícilmente se podrá explicar con física o matemáticas. Difícilmente podremos encontrar una fórmula en la que sumando, restando, multiplicando, dividiendo ceros o elevándolos a potencias infinitas, nos dé algo distinto de cero.

Quizá haya que acabar llegando a la existencia de Dios a partir de la imposibilidad de encontrar otra forma de explicar no ya el Universo, sino el inicio del primer elemento o partícula o variable que dio lugar al mismo.

Pero hay puntos fuera del alcance del conocimiento científico a los que es mucho más fácil acceder a través de la Fe.